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“Si tiran a un niño por la escalera, el colegio es responsable civil, y el profesor, responsable penal”

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Esther Arén, inspectora Jefe de la Policía Nacional y delegada Provincial de Participación Ciudadana de Madrid

Esta experta en acoso escolar pide a los docentes que hablen de él como un “delito” y nunca tapen un caso.

«Me hago un peris y me sigues en insta». Si usted no entiende esta frase, actualícese. Podría estar sordo ante un caso de ciberacoso. Y si le parece un cuento que un niño tenga dolor de barriga entre semana y se le pase el viernes, ponga atención porque podría estar ciego ante el mismo problema. «Así hablan los niños de hoy, y si queremos entenderlos y detectar un problema, tenemos que hablar su mismo idioma», explica Esther Arén, inspectora Jefe de la Policía Nacional y delegada Provincial de Participación Ciudadana de Madrid.

Esta experta en ciberacoso y acoso escolar lleva años pisando las aulas para meterle a los chicos en la cabeza que las conductas violentas son un delito, que los que miran no deben guardar silencio y que no hay chivatos en esta historia sino niños ejemplares. Pero no son los únicos que necesitan pedagogía, dice, los padres, los docentes y los pediatras deben conocer el mundo en que se mueven los chavales y desterrar tabúes y mentiras como que «son cosas de niños o que lo mejor es taparlo».

Arén conoce muy bien cómo piensan los niños de hoy porque visita colegios de toda la Comunidad de Madrid casi a diario para prevenirlos. Aparece ante los chavales vestida con el uniforme, con las uñas pintadas de azul y sin pelos en la lengua. La respuesta son decenas de bocas abiertas y muchas sonrisas. Así se gana su confianza y pierden el miedo o la vergüenza. «Si les hablas en su idioma, se abren porque los niños son esponjas», reconoce, aunque no es suficiente, hay que trabajar con los padres, los docentes, e incluso con los pediatras.

«Nos dimos cuenta de que para abordar el acoso, había que hacer grupos multidisciplinares», explica. Y en ésas está su equipo (un centenar de profesionales), que con el tiempo han ido extendiendo las charlas a padres, docentes y pediatras. El motivo de ampliarlo a los médicos es porque los niños llegan a estas consultas con sintomatología, «les hacen pruebas y no dan con lo que les pasa. Lo que ocurre es que en verdad tienen un problema de acoso y no quieren ir al colegio o lo somatizan». Algunos acaban teniendo problemas cutáneos por el estrés que les genera, «otros hasta intentan suicidarse», lamenta.

Esther Arén.

Y es que el acoso cuenta con un gran aliado en el siglo XXI, gracias a los móviles y las redes sociales. Es lo que se llama ciberbullying o ciberacoso, un delito que va en aumento. Por eso es tan importante, recalca Arén, que el entorno de los menores esté familiarizado con las redes sociales y conozca los peligros. Sin embargo, el principal foco sigue siendo el aula y el patio, donde Esther y su equipo han visto que «el colegio ocultaba el acoso, donde algunos siguen pensando que son cosas de niños y donde algunas víctimas [menores] ven normal que les peguen», denuncia.

¿Cómo hace para cambiarles el chip? Pedagogía para todos. Primero habla con los alumnos. «En el caso del ciberbullying, les decimos que no tienen ni idea de los peligros de las redes sociales y los móviles, que tengan cuidado con la identidad virtual de sus amigos y que tomen precaución con lo que comparten porque la huella digital deja rastro y puede fastidiarles la vida cuando sean mayores de edad por un error que cometieron sin ser conscientes».

«Hay que reiterarles también que el acoso, en las redes o fuera, es un delito y que nadie lo merece porque ser diferente (gordo, con gafas, con las orejas de soplillo, homosexual, cojo, etc…) es un valor en alza», continúa la policía.

En el caso del acoso en las aulas, enseñan a los espectadores activos a denunciar: «Les decimos que no se callen, que no son chivatos sino los buenos». Y es que muchos menores tienen una mala interpretación del líder:«Les insistimos en que el gallito de clase que insulta, el abusón, no mola».

Pero el trabajo continúa con los maestros y profesores. A ellos se les informa de su responsabilidad penal ante los casos de agresión. «Si tiran a un niño por la escalera, deben saber que el colegio es responsable civil, y el docente, responsable penal. Que no pueden mirar hacia otro lado», explica la experta, que asegura que ante este ejemplo, «abren los ojos».

También hace mucha pedagogía del lenguaje. Recomienda a los maestros hablar de «delito» en vez de «conflicto» y nunca hablar de «mediación» porque se minimiza la agresión. Otra pauta es mantener silencio y no exponer a la víctima ante toda la clase. «Es mejor hacer un equipo muy rápidamente donde la víctima se sienta protegida», asegura. A veces han actuado en centros ante un caso y los compañeros ni lo han notado, dice.

Por otro lado, la Fiscalía de Menores debe conocer el caso y actuar «porque así estamos evitando delincuentes potenciales», destaca Arén, que recalca que nunca hay que poner en duda la opinión de los profesionales que intervienen.

Pone por ejemplo su propio caso: «El otro día a mi hijo le llamaron orejitas y le pegaron. Fui al pediatra y me dijo que no tenía lesiones graves, y aunque no era un caso de acoso, porque fue un hecho puntual, sí que creo que se tiene que dar un toque de atención a los que pegan, expulsarlos si hace falta, porque si no el niño aprende que no pasa nada, parece que para educar todo vale».

Tras los niños y los docentes, llega el turno de los padres. La primera premisa que les da es que «siempre tienen que denunciar si sus hijos son acosados». Y la segunda, que «no hay que culpabilizar a los menores porque pueden quedar marcados». En este sentido, llama la atención de los medios de comunicación para que no se precipiten y, ante casos mediáticos, «tengan cuidado».

¿Y sobre el caso de la niña del colegio Anselm Turmeda, donde el 5 de octubre una niña recibió presuntamente una paliza por parte de una docena de compañeros mayores que ella y posteriormente fue hospitalizada? Arén prefiere no hablar de casos concretos y confía en que se resuelva pronto. Lo que sí tiene claro es que el acoso es un «delito muy fácil de solucionar porque los niños lo cuentan todo. Son esponjas». Sólo hay que hablarles en su idioma y protegerlos.

Para denunciar un caso de acoso escolar: participa@policia.es

¿Es delito un grupo de ‘WhatsApp’ con alumnos?

Ella no se cansa de usar el mismo ejemplo pero se resiste a cambiarlo porque es muy gráfico:«Darle a un niño un móvil sin supervisión es como dejarle conducir un coche sin carné». La comparación impacta a los padres cuando escuchan a Esther Arén, inspectora jefe de la Policía Nacional, alertar sobre los peligros de las redes sociales y los móviles de última generación. «El problema, insiste, no son estos aparatos o tecnología sino el uso que se hace de ellos», recalca. «Las nuevas tecnologías son muy buenas para ciertas cosas y molan mucho, pero son como los cuchillos, que sirven para cortar pero otras veces también matan», vuelve a poner como ejemplo. La experta en acoso y ciberacoso pone el grito en el cielo cuando los padres dejan el cuchillo en manos de los hijos sin estar pendientes de lo que hacen con él. «El progenitor debe estar encima del niño. Supervisar la identidad de sus amigos virtuales, conocer sus grupos de WhatsApp, revisar las fotografías y los vídeos que tienen», insiste, al contrario de lo que piensan algunos progenitores, que creen que deben respetar la intimidad del menor. Arén es clara y pide a los padres que pongan sus normas y «les quiten el móvil cuando quieran». «Deben ser conscientes de que detrás de un juego y de un menor siempre hay un pederasta», alerta. La supervisión no es suficiente, también hay que educarles. En sus charlas les dice que «no tienen ni idea de los peligros que tienen las redes sociales y los móviles, que tengan cuidado con la identidad virtual de sus amigos y que tomen precaución con lo que ponen porque la huella digital que deja rastro, porque pueden fastidiarles la vida cuando sean mayores de edad por un error que cometieron sin ser conscientes de que podía ser un delito». El uso de los móviles se está generalizando entre la población infantil a una velocidad de vértigo. Cada vez son más jóvenes, asegura Arén, los que tienen uno propio. La franja de edad ha bajado de los 14 años a los 10 en poco tiempo, pese a que esta edad las empresas prohíben el uso de sus tecnologías. En Instagram, a partir de 14 años, y en Facebook, desde los 16. Los padres suelen comprarlos porque el resto de amiguitos tiene móvil «para que no sea diferente». y esta realidad ha obligado a su equipo de Participación Ciudadana a empezar las charlas cada vez más temprano No sólo eso, la vorágine del uso de móviles está cambiando el modo de relacionarse entre los profesores o maestros y alumnos. Es frecuente que tengan grupos de WhatsApp comunes, que se envíen mensajes públicos y privados… Pero, ¿hasta qué punto esto es legal? ¿Puede el docente cometer un delito al tener un chat con sus alumnos menores de edad? La respuesta es sí. La inspectora recuerda que los menores deben tener el permiso de los padres para estar en estos grupos. Hay que asegurarse de ello. No obstante, hay que ir con cuidado porque el docente puede buscarse más líos. «Imagínate que un alumno se enamora del profesor, que un día le manda una foto con una felación y los padres lo denuncian…», argumenta Arén. Sin olvidar Twitter, que también puede ser un foco de problemas. Arén lo advierte por experiencia. «Fui acusada por tuitear con un menor. Estuve un año y medio defendiéndome y al final me absolvieron. Esto me dejó claro que no volveré a contestar a un joven», sentencia.

El pediatra, primera ‘puerta sanitaria’ para detectar el ciberacoso

Cada vez llegan más pacientes que sufren ciberacoso o víctimas de groomming a las consultas del pediatra, que son «la primera puerta sanitaria para detectarlos», asegura Esther Arén, inspectora jefe de la Policía Nacional y experta en acoso escolar y ciberacoso. Por eso, aconseja a los profesionales médicos que estén al día de las nuevas tecnologías, que sepan qué es un groomming, un groommer, un periscope, un selfie… En definitiva, que hablen su idioma. «Les decimos que la niña se exhibe en las redes no es una guarra, sino que hace su despertar sexual allí y no es consciente», explica la inspectora, que este fin de semana ha ofrecido una ponencia a la Sociedad Balear de Pediatría sobre ciberacoso. La charla titulada El pediatra ante los riesgos que los menores sufren en las redes sociales. Cómo prevenirlos y cómo actuar cuando se sospecha la existencia de un delito ha despertado el interés del mundo médico en las Islas y ha hecho hincapié en la necesidad de que los pediatras «estén en las redes». Arén alerta de que «a veces hay niños con sintomatología, les hacen mil pruebas médicas, descartan una enfermedad, pero el niño sigue diciendo que está enfermo». Ante estos casos, los pediatras deben barajar la posibilidad de que el niño tenga problemas en la escuela o sea víctima de la violencia cibernética. «Lo pasan tan mal que algunos empiezan a tener eccemas y van al dermatólogo, otros incluso intentan suicidarse», lamenta.

FUENTE: Diario El mundo

 

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